PRINCIPIOS PARA LA FORMACIÓN DE MAESTROS
La enseñabilidad: todos los
saberes gozan de la certeza de poder ser enseñados, para lo cual se necesita un
profesional de la educación que descubra maneras apropiadas para enseñarlos.
En
este contexto dicen Gallego y Pérez (1998) que:
“La
enseñabilidad puede ser planteada desde múltiples interrogantes: ¿Es un saber
en sí enseñable? ¿En qué medida es enseñable? ¿Qué condiciones previas se
requieren para enseñar esas posibilidades de enseñabilidad? ¿A quién es
enseñable? ¿Para qué y por qué ha de enseñarse? ¿Desde dónde se exige la
enseñanza de ese saber? ¿Qué se requiere para hacer factible la enseñanza? ¿Es
el sujeto a quien se le enseña un ente pasivo y meramente receptor de la
enseñanza? ¿Describe y explica el saber un conjunto de aconteceres, fenómenos y
fenomenologías acerca de los cuales los alumnos y las alumnas, han hecho
elaboraciones independientemente de que no sean las admitidas por las comunidades
académicas de especialistas? “
Dado
que todos estos interrogantes deben ser resueltos por el maestro, se plantea
que “La formación complementaria debe garantizar que el docente sea capaz de
diseñar y desarrollar propuestas curriculares pertinentes para la educación
preescolar y básica primaria” (MEN, Documento Marco 2009). Es decir, se
propende porque el maestro garantice efectivamente la enseñabilidad de las
disciplinas y saberes producidos por la humanidad, en el marco de sus
dimensiones histórica, epistemológica, social y cultural, correlacionando el
contexto cognitivo, valorativo y social de quien aprende y sus posibilidades de
transformación en contenido y estrategias formativas.
La educabilidad, es una cualidad
humana que hace referencia al conjunto de disposiciones y capacidades que
permiten, a una persona acceder al conocimiento. Esta
posibilidad es exclusiva del ser humano y se entiende como la
posibilidad que tiene de acceder al conocimiento haciendo uso de sus
potencialidades, en el contexto de la unicidad, pluralidad y multidiversidad,
sin desconocer las lógicas de la intencionalidad curricular, con las cuales se
aspira incorporar críticamente, a quien se educa, en las dinámicas sociales,
culturales, espirituales, políticas y económicas para que construyan sus
propias perspectivas y, desde sus elaboraciones éticas, axiológicas,
conceptuales, construyan su proyecto de vida.
En términos generales, la
educabilidad se asocia con la capacidad para aprender, la cual se da en dos
sentidos: como capacidad para poder ser influenciado (educando) y como
capacidad para influir (educador). Por lo tanto, el maestro debe conocer las
disposiciones cognitivas y afectivas del educando, para desplegar la acción
educativa de acuerdo a estas particularidades. En este sentido, Fermoso
(1994), asigna las siguientes características a la educabilidad:
-
La
educabilidad es personal; es una exigencia
individual inalienable e irrenunciable de todos los seres humanos,
que surge del manantial de la personalidad y la hominidad.
-
La
educabilidad es intencional; no está
determinada por leyes naturales, sino que el ser
humano es persona es dueña de sí misma, dirige y se fija
metas
-
La
educabilidad es referencial; no es una fuerza
ciega, sino una capacidad que orienta metas para “llegar a ser”
-
La
educabilidad es dinámica; la realización
del proyecto existencial de cada ser humano
presupone actividad para pasar de “la potencia al acto”.
-
La
educabilidad es necesaria; sin ella, se
acabarían las posibilidades de autodeterminación, personalización de
socialización y autorrealización.
La pedagogía,
entendida como reconstrucción del saber docente, permite la reflexión sobre el
quehacer diario del maestro; sobre el currículo, la didáctica, la evaluación,
el uso pedagógico de los medios interactivos de comunicación e información y el
dominio del hecho educativo, así como la apropiación del conocimiento histórico
y epistemológico de la pedagogía, su interdisciplinariedad y sus posibilidades
de construcción y validación de teorías y modelos. Esta forma de concebir la
pedagogía, como reflexión sobre las concepciones y los hechos de la educación,
se convierte en actitudes epistemológicas para tomar distancia de las prácticas
educativas, en el sentido de poderlas observar de manera desprevenida, para
analizarlas, deconstruirlas, reconstruirlas, valorarlas y mejorarlas. Desde
este enfoque, hacer pedagogía es reflexionar acerca de los procedimientos y los
hechos educativos, no solo para explicarlos sino para “apreciarlos en lo que
valen, para averiguar si son lo que deben ser, si no convendría modificarlos y
de qué manera, o incluso, sustituirlos totalmente por métodos nuevos” Durkheim,
(1966, p. 73)
Los contextos, son
entendidos como un tejido de relaciones sociales, económicas, culturales, que
se producen en espacios y tiempos determinados. También se comprenden desde el
análisis de los contextos, las realidades y tendencias sociales y educativas de
carácter institucional, regional, nacional e internacional; la dimensión ética,
cultural y política de la profesión educativa y las consecuencias formativas de
la relación pedagógica. La comprensión de los contextos, en el marco de la
formación de los futuros egresados del PFC de la ENSI, tiene como finalidad
asumir el rol de maestro trabajador de la
cultura y agente de cambio.
En
este sentido Freire (2004) afirma:
Los cambios se verifican por
el juego normal de alteraciones sociales resultantes de la propia búsqueda de
plenitud que el hombre tiende a dar a sus temas. Cuando estos temas inician su
declinar y comienzan a perder significación, y nuevos temas emergen, es el
signo del comienzo del tránsito de la sociedad hacia otra época. En esta fase,
se hace más indispensable que nunca la integración de los hombres, su capacidad
de aprender el misterio de los cambios, sin lo cual serán simples juguetes de
ellos.